La culpa

¿Qué es?


Es la sensación interna de haber hecho algo malo, de ser mala persona, de haber infringido una norma, tanto en situaciones reales como imaginarias, produciendo malestar.

Podríamos decir que es esa punzada en el pecho o en el estómago, que te hace sentir que eres el único responsable de una situación que salió mal.



Función de la culpa


La culpa, como todo sentimiento tiene un papel adaptativo, nos quiere decir algo cuando aparece. Su función tiene que ver con reconocer los errores y poner en marcha conductas de ajuste y reparación, también nos ayuda a respetar normas y códigos éticos a la vez que nos funciona como un aviso.


Nos ayuda a no cometer errores y nos avisa que hay una disonancia entre la forma en la que percibimos una situación y nuestro comportamiento. Esto último es básico porque si la tomamos desde el lado constructivo, nos ayuda a ver que hay algo que cambiar, o la situación externa (lo que hacemos) o la manera en la que pensamos sobre lo que estamos haciendo.


Por ejemplo: Tus papás te han dicho desde pequeño que siempre hay que ser responsable y todos los días intentas cumplir con todo, pero un día te sientes mal, no terminas en el tiempo que querías y te sientes culpable. Ahí sería momento de cambiar la situación externa por ejemplo al pedir ayuda, puede entrar una función de reparación como pedir perdón, o podemos tomarnos el tiempo de revisar nuestras creencias y pensar que es válido tomarse un descanso y recuperarse ya que al final somos humanos.



¿Cómo se presenta?


El sentimiento de culpa suele presentarse acompañado de emociones desagradables como la angustia, impotencia, tristeza, remordimiento y/o frustración. Suele venir a través de pensamientos reiterativos, que se imponen y se autoalimentan, es decir un error en una tarea cualquiera puede traer otros pensamientos de fracaso, hasta llegar a no sentirte suficiente. Por ejemplo: terminar pensando que eres una pésima persona porque ni siquiera puedes hacer algo simple como barrer bien la sala. (Sí, a veces así de irracional se vuelve) Y es que la culpa tiene tintes de fatalismo que nos van envolviendo y merman nuestra capacidad de juicio, nuestra autoconfianza, autoestima, etc. A veces incluso nos lleva a boicotearnos.


Otra cosa importante de la culpa es reconocer que actúa ante un error real o imaginario, y esto se liga con su origen temporal. Al igual que la ansiedad puede venir del pasado, presente o futuro.


Del pasado, a partir de algo que hicimos o no hicimos, del presente por algo que estamos o no estamos haciendo y del futuro a partir de algo que vamos o no vamos a hacer.

Pero el verdadero problema con la culpa es que se mete con nuestro juicio moral y llega a distorsionarlo.


El juicio moral.


También llamado conciencia moral, actúa como un termostato que nos ayuda a definir si algo que hacemos esta bien o mal. Este juicio se construye desde la infancia, a partir de lo que nos dijeron nuestros padres, familiares y lo que nos dicta la sociedad. Por supuesto que el juicio moral es importante y nos ayuda a respetar las normas y convivir de mejor manera con los demás (¡que conste que no digo que lo ignoren!) Pero pensemos que ha sido construido a una edad muy temprana, en gran parte basado en creencias, (que a veces han sido hasta deformadas) así que vale la pena darle una revisadita.


En este sentido lo que hace la culpa es hacer un juicio moral, decidir que nos equivocamos y que merecemos un castigo. El problema es que en muchas ocasiones actuamos como jueces severos, inflexibles, viendo solo una parte de la situación y nos castigamos de un modo excesivo, causándonos un gran malestar.


¿Qué hago con la culpa?


Si han llegado hasta aquí, seguro piensan… “Bueno, ya entendimos que es esto de la culpa, y, ¿ahora qué?” Pues bien, yo considero que el mejor antídoto es la deconstrucción. Es decir, desarmarla para entonces decidir que tanta verdad tiene.


Les dejo unos puntos que pueden ayudar a combatirla:


1-Lo primero sería identificar que acciones provocan la culpa. Es curioso, pero una vez que analizas diversas ocasiones en que te sientes culpable, puedes notar que tienen matices muy similares y esto nos lleva a revisar creencias, e incluso a decidir que cosas queremos o no queremos en nuestra vida.


2-Aprender a ver las situaciones completas. Si bien soy fan de responsabilizarse de las acciones, porque esto nos da el poder de cambiarlas. Cuando la culpa es constante y se vuelve irracional, la mejor arma es ver más allá de uno. Aprender a mirar toda la situación muchas veces nos ayuda a identificar otros factores que también llevaron al error, y que no todo es obra de nuestra “supuesta incapacidad”


3-Hay que aceptar que no somos perfectos, solo somos humanos. Venimos llenos de inconsistencias y errores, pero noticia, gran parte del aprendizaje viene de aquí.


4-En caso de cometer un error real y sentir culpa, es importante poder hablarlo, aprender a pedir perdón, pero también reparar el daño.


5-Tengamos en cuenta que en algunos duelos aparece la culpa, en esas situaciones ayuda poderlo expresar y en caso de ser necesario, dejarse acompañar por un profesional.



Finalmente es importante mencionar que si sientes que la culpa se está apoderando de áreas de tu vida es importante acercarte a un profesional que pueda ayudarte a revisar la situación y acompañarte en el proceso de deconstrucción de culpas.




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